Noche


Noche



La noche me trae aromas de flores, trae croares de ranas en el estero, reflejos de astros en el cielo oscuro.

Camino en pos de triunfos que he de arrebatar al destino que -en tantos de mis sueños- ha sido mezquino, como a todos o a casi todos nos ocurrió, ahora viejo, lo sé.

Hay cosas que podré enfrentar y con denodado esfuerzo torcer la mano a lo que sea, y caminar por la senda que me he propuesto. Me consta que así fue.

Otras, no podré cambiar a mi favor y determinarán por siempre mi accionar, poniéndome en la fila de los perdedores. Eso no lo sé  deahora, lo sé desde viejo. 

Ahora, que soy joven, es importante que viva todas las vivencias que no viví.

Sabré de triunfos, estoy seguro que así será, y por mi sabiduría de hombre viejo los disfrutaré sin aspavientos. Cuando estoy rodando cuesta abajo, tienen menos espinas.


Las luces del alumbrado público se han apagado y ahora también las de los hogares. No hay luna, y el fulgor de las estrellas llega muy aminorado como para despejar -aunque fuera un poquito- las tinieblas. Regreso al hogar después de haber asistido a la nocturna, y me quedan muchas y largas cuadras de caminar sobre un camino de tierra. Una vez en casa comer algo rápido y después irme a la cama, pues al otro día, temprano en la madrugada aún, me dirigiré nuevamente al trabajo. Ahora me cuesta comprender por qué no lograba hacer algo similar estando viejo.

La familia es la base de todo, sin ese respaldo constante en nuestra espalda, nada es posible lograr. Claro, también se puede vivir sin familia.  En ese caso son otros los logros que uno buscaría, como joven inexperto me imagino. Ni cuando viejo lo supe.

Afortunadamente, he llegado a ser viejo y con los ojos bien abiertos a los acontecimientos pequeños y gigantes. Eso me permite enfocar mis juveniles desafíos en forma correcta y avanzar sin temor por el camino, hasta traspasar la frontera sin retorno.

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